Carmen Mora: cómo detener el movimiento del rostro en un determinado momento

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Un mimo como Marcel Marceau aplicaba, tal vez sin saberlo, principios anatómicos para lograr mayor impacto visual en sus gestos. O quizá sí lo sabía. El anatomista austríaco Karl Langer descubrió las líneas de tensión de la piel, conocidas como líneas de Langer, en 1861. Esas líneas faciales están relacionadas con cómo la piel se mueve y responde a los gestos, algo que, lógicamente, tiene aplicaciones en el arte del mimo y la expresividad del teatro del silencio. Marceau, en sus piezas teatrales, dominaba la comunicación facial sin decir una palabra; en su icónica obra “The Cage” de 1975, su rostro expresaba sorpresa, angustia, desesperación a medida que el personaje se daba cuenta de su confinamiento.

Los ojos, la boca, subían y bajaban, se moldeaban, pero el espectador enseguida dejaba de ver esos movimientos para hundirse en el interior del hombre que tenía delante. Veía como pasaba de la confusión por estar retenido a la resignación y, finalmente, a la necesidad de liberarse, de escapar de la jaula invisible. Su rostro, mudo, mostraba un ser primero atrapado y luego que luchaba por su libertad.

Langer hizo sus descubrimientos sobre las líneas del rostro mientras estudiaba la elasticidad y la tensión de la piel en cadáveres. Utilizó un método en el que hacía pequeñas incisiones circulares en la piel y observaba cómo se deformaban, revelando así la orientación natural de las fibras de colágeno en la dermis. Sus hallazgos fueron fundamentales en cirugía plástica, dermatología y anatomía, ya que demostraron que las incisiones hechas siguiendo esas líneas cicatrizan mejor y generan menos tensión en los tejidos. Y también lo fueron para el arte del mimo, que depende enormemente de la movilidad del rostro para transmitir emociones.

Carmen Mora (Madrid, 1985) realiza unos retratos siguiendo las líneas de Langer. No conocemos la identidad de los modelos pero observamos las líneas de sus gestos, los pliegues faciales de los ojos o de la boca, rasgos aquí sobredimensionados y que acaban por parecer dibujos hechos por el agua en la arena, sedimentos del meandro de un río, acumulaciones de material en paredes a lo largo del tiempo, sugiriendo formas ambiguas, caprichosas: cejas, labios, párpados, pómulos, sonrisas abiertas y miradas cerradas.

Vista de la exposición Quiénes somos de Carmen Mora en la galería Picnic.

Al materializar esas expresiones en cerámica la artista detiene el movimiento del rostro en un determinado momento, la sorpresa o la alegría pasan a ser extrañas tuberías de roca, un sentimiento acaba convertido en algo externo, en algo visible, en ondas que se mueven en la pared, en la cara que se refleja en el estanque. Movimientos musculares que en su ritmo nos señalan qué somos nosotros a pesar de que cambiamos, de que nos movemos, de que inevitablemente pasa el tiempo. Dice Vicente Huidobro “El espejo de agua muda todas las tardes / la posición de los sauces”, ese espejo líquido del poeta es un lugar de cambio, donde un rostro sin voz puede, como aquí, reflejarse y desdibujarse al mismo tiempo.

Quiénes somos, por Carmen Mora

Galería Picnic

Hasta el 11 de abril

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